Hacia 1978, la población de México fue proyectada para el año 2000 en 151.8 millones de habitantes, bajo el supuesto de que las tasas de fecundidad por edad se mantendrían sin cambios desde 1970 hasta finales del siglo XX. No obstante, la población apenas alcanzó los 100 millones en el año 2000, lo que arrojó un "error total" de proyección superior a los 50 millones de personas (Ordorica, 2015, p. 106). Esto no fue un caso aislado; a través del tiempo se han registrado varias experiencias de este tipo en distintas latitudes. En Ecuador —aunque con otras magnitudes y causas— ocurrió algo similar en el penúltimo ejercicio de 2012, como veremos más adelante. ¿Acaso han fallado las proyecciones demográficas en su cometido de orientadoras de la política pública o como herramientas de planificación? A continuación, se explora esta cuestión.
La predicción del futuro ha acompañado a la humanidad desde los albores de la civilización. En la antigua Babilonia (600 a. C.), los adivinos anticipaban el futuro examinando la distribución de gusanos en el hígado de ovejas en descomposición. En la misma época, quienes buscaban respuestas viajaban a Delfos, en Grecia, para consultar al Oráculo, mientras que los astrólogos estudiaban la posición y el movimiento de los planetas para elaborar horóscopos, y los profetas anunciaban grandes acontecimientos como guerras o catástrofes naturales (Hyndman & Athanasopoulos, 2018, p. 5). Por su parte, la religión —bajo la premisa de un Dios omnisciente y causa última de las acciones humanas— inculcó en sus fieles, durante gran parte de la historia, una visión determinista en la que el futuro se hallaba enteramente regido por leyes divinas (Ordorica, 2015, p. 20). En contraste, la era moderna ha postulado, desde la ciencia, la existencia de un universo objetivo en el que todos los procesos pueden ser conocidos por el ser humano, siendo su desarrollo predecible y verificable (Gortari, 1969, pp. 5-6).
Figura 1 - Lógica de la predicción en la ciencia
Fuente: Elaboración propia con base en Gortari (1969).
En palabras de Wachter (2014, p. 2), la demografía es una ciencia social cuantitativa por excelencia que ha evolucionado a la par de la economía, la estadística y la sociología. Al igual que la economía, la demografía emplea herramientas cuantitativas rigurosas, pero se distingue por su horizonte temporal característico. Así, mientras las proyecciones económicas se concentran y son válidas en el corto plazo (meses o unos pocos años), las demográficas abarcan horizontes de mediano-largo plazo (10 años o más), reflejando la naturaleza estructural de procesos como la mortalidad y la fecundidad. De esta manera, se ha constatado que los modelos demográficos se aproximan mejor a los fenómenos que los de otras disciplinas, ofreciendo la esperanza de una “verdadera” utilidad predictiva.
Figura 2 - Lógica de la predicción en la demografía
Fuente: Elaboración propia.
Sin embargo, aunque las proyecciones de población son una herramienta clave de la planeación y política pública, éstas son inherentemente inexactas. La única certeza que se puede tener —al momento de llevar a cabo ejercicios de estimaciones y proyecciones de población (EPP)— es que habrá que tomar decisiones subjetivas que potencialmente generarán errores. No obstante, la atenuación de dichos errores requiere la aplicación de métodos robustos, herramientas adecuadas, datos confiables y, por supuesto, técnicos que tengan la capacidad de combinar el conocimiento cuantitativo con el cualitativo, situando el análisis demográfico en su contexto social, económico y político (Stoto 1983, Cavenaghi, 2012, p. 7).
En Ecuador, la Revisión 2024 de las EPP (INEC, 2024), realizada con la asesoría del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), incorporó todos estos elementos recientemente mencionados. Puede afirmarse que este ejercicio —junto con el de México— es uno de los mejor documentados en la región. La historia señala que se trató del séptimo de este tipo en el país (véase Figura 3).
Figura 3 - Censos, estimaciones y proyecciones de población en Ecuador, 1950-2024
Fuente: Elaboración propia con base en las publicaciones de las EPP históricas
Esto dio pauta para evaluar los errores pasados, con el fin de que sirvan de retroalimentación de ejercicios futuros de las EPP. Es así como en un estudio realizado por Peña Montalvo y García Guerrero (2026), los autores constatan que las discrepancias de la revisión 2012 de EPP respecto al valor “real” para 2022 ascendieron a 0.43 hijos nacidos vivos adicionales, 1.02 años más de esperanza de vida (hasta 1.95 para hombres) y poco más de 60 mil personas de SMN sobreproyectadas, lo que dio un total de 325 540 personas que dejaron de nacer, murieron o emigraron. Identificando que estos errores fueron producto de la interacción de: 1) los cambios sociales y estructurales no anticipados; 2) la pérdida de memoria institucional; y 3) los supuestos metodológicos adoptados.
Se hace especial énfasis en que la pérdida de memoria institucional —recurrente en las oficinas nacionales de estadística (ONE) de América Latina debido a la escasez y alta rotación de profesionales en demografía— fue uno de los factores que más afectó la calidad de las EPP 2012. No fue un detalle menor: ninguno de los funcionarios del INEC que participaron en la revisión 2003 formó parte del ejercicio 2012. La situación se agravó aún más con un viraje en la cooperación técnica: tras años de recibir asesoría del CELADE —que había acumulado memoria y consistencia metodológica—, las autoridades de turno decidieron tomar las recomendaciones del INEGI. No era solo un cambio de logotipo: era un cambio de escuela, de supuestos, de criterios técnicos y, sobre todo, una pérdida silenciosa del hilo conductor que solo la memoria institucional puede preservar. Esto pone de relieve el papel crucial que el CELADE tiene en la región al preservar la memoria histórica, homogeneizar criterios y transferir conocimientos.
Figura 4 - Población proyectada en 2012 y estimada en 2024 de las EPP, 2010-2022
Fuente: Proyecciones poblacionales 2012 (INEC, 2012) y conciliación 2024 (INEC, 2024)
Retomando la pregunta inicial sobre si las proyecciones están destinadas al error, cabe señalar que la capacidad de anticipación constituye un elemento fundamental en la cultura de gestión de la sociedad actual. Hoy en día existe una burocracia —tanto internacional como nacional— comprometida con prácticas de gestión que dependen en gran medida de la planificación y de la evaluación cuantitativa del impacto previsto de programas y políticas. Así como el “error” mexicano de 50 millones reflejó supuestos metodológicos no acertados —pero también políticas de población exitosas que no se anticiparon—, el “error” ecuatoriano de 325 540 personas reveló, además, un problema estructural más profundo: la fragilidad de la memoria institucional cuando se rompen los equipos técnicos y/o se cambian las fuentes de asesoría.
Desde esta perspectiva, las proyecciones demográficas no deben concebirse como instrumentos para predecir el futuro, sino como herramientas para construirlo; es decir, deben orientarse a la acción y funcionar como mecanismos de gestión que se adelantan a los eventos demográficos. En otras palabras, el simple acto de pronosticar debería contribuir activamente a la creación del futuro (Romaniuk, 2010, pp. 100 y 102).